sábado, 8 de enero de 2011

CAPÍTULO 16 DE "SOY EL NÚMERO CUATRO" (I AM NUMBER FOUR)


Traducido por Aurim.


SAM ESTABA EVITÁNDOME. EN EL INSTITUTO ÉL PARECÍA desaparecer cuando me veía, o siempre se aseguraba de que estuviéramos en grupo. Instado por Henry –quien estaba desesperado por ponerle la mano encima a la revista de Sam después de rebuscar todo lo que salía en Internet y no encontrar nada parecido a la revista de Sam–, decidí simplemente pasarme por su casa sin preaviso. Henri me dejó allí después de nuestro entrenamiento del día. Sam vivía a las afueras de Paradise en una casa pequeña y humilde. No hubo respuesta cuando llamé a la puerta, así que tenté la puerta. No estaba cerrada con llave y la abrí y pasé adentro.

El suelo estaba cubierto por una alfombra marrón de jarapa, y las fotografías familiares de cuando Sam era muy pequeño colgaban de las paredes forradas de listones de madera. De él, de su madre y de un hombre que supuse debía de ser su padre, que usaba unas gafas tan gruesas como las de Sam. Entonces miré más de cerca. Parecían ser exactamente las mismas gafas.

Recorrí con sigilo el pasillo hasta que encontré la puerta que debía de ser la del cuarto de Sam; un letrero que rezaba “ENTRA POR TU CUENTA Y RIESGO” colgaba de una chincheta. La puerta estaba medio abierta y eché un vistazo al interior. La habitación estaba muy limpia, cada cosa estaba meticulosamente colocada en su sitio. Su cama estaba hecha, tenía un edredón negro con el planeta Saturno repetido sobre toda sus superficie, haciendo juego con la funda de la almohada. Las pareces estaban cubiertas con pósters. Había dos de la NASA, el póster de la película “Alien”, el de “La Guerra de las Galaxias” y uno que era fluorescente con la cabeza verde de un extraterrestre rodeado por fieltro oscuro. En mitad de la habitación, pendiendo de hilos transparentes, había un sistema solar, sus nueve planetas y el sol. Aquello me hizo pensar en lo que Henry me había enseñado hacía poco esa semana. Pensé que Sam perdería la cabeza si viese eso mismo. Y entonces vi a Sam, encorvado sobre un pequeño escritorio de roble, con los auriculares puestos. Empujé la puerta para abrirla y él miró por encima del hombro. No llevaba puestas sus gafas y sin ellas sus ojos parecían muy pequeños, redondos y brillantes, casi de caricatura.

–¿Qué tal? –pregunté de manera informal, como si pasara por su casa cada día.

Él parecía estupefacto y horrorizado y, desesperado, se quitó los auriculares para alcanzar uno de los cajones. Miré su escritorio y vi que estaba leyendo un ejemplar de “Caminan Entre Nosotros”. Cuando volví a alzar la vista él estaba apuntándome con una pistola.

–¡Eh! –espeté, levantando instintivamente las manos frente a mí–. ¿Qué pasa?

Él se puso en pie. Le temblaban las manos. La pistola apuntaba a mi pecho. Pensé que había perdido la cabeza.

–Dime qué eres –dijo.

–¿De qué estás hablando?

–Vi lo que hiciste en aquel bosque. No eres humano.

Me asusté con eso, él había visto más de lo pensaba.

–¡Sam, esto es una locura! Me metí en una pelea. Llevo años practicando artes marciales.

–Tus manos se iluminaron como linternas. Podías lanzar a la gente por ahí como si no fuesen nada. Eso no es normal.

–No seas estúpido –le dije con las manos aún frente a mí–. Míralas. ¿Ves alguna luz? Ya te lo dije, eran los guantes que llevaba Kevin.

–¡Le pregunté a Kevin! ¡Dijo que él no llevaba guantes!

–¿De verdad crees que él te diría la verdad después de lo que sucedió? Baja la pistola.

–¡Dímelo! ¿Qué eres?

Puse los ojos en blanco.

–Sí, Sam, soy un extraterrestre. Soy de un planeta de a cientos de millones de kilómetros. Tengo superpoderes. ¿Es eso lo que quieres oír?

Él me miraba fijamente, con las manos todavía temblándole.

–¿Te das cuenta de lo estúpido que suena? Deja de comportarte como un loco y baja la pistola.

–¿Lo que acabas de decir es verdad?

–¿Que estás siendo un estúpido? Sí, es verdad. Estás demasiado obsesionado con esta cosa. En tu vida ves alienígenas y conspiranoias por todas partes, incluyendo en tu único amigo. Ahora deja de apuntarme con esa maldita pistola.

Me miró fijamente y pude ver que estaba pensando en lo que le había dicho. Dejé caer mis manos. Entonces él suspiró y bajó la pistola.

–Lo siento –dijo.

Inspiré profundamente, nervioso.

–Deberías. ¿En qué demonios estabas pensando?

–En realidad no estaba cargada.

–Pues deberías habérmelo dicho antes –protesté–. ¿Por qué quieres creer tan desesperadamente en esto?

Él negó con la cabeza y devolvió la pistola al cajón. Me llevó un minuto calmarme y tratar de comportarme despreocupadamente, como si lo que acababa de suceder no fuera gran cosa.

–¿Qué estás leyendo? –le pregunté.

Se encogió de hombros.

–Sólo más cosas de alienígenas. Puede que deba dejarlo un poco.

–O simplemente leerlo como ficción en vez de como hechos reales –sugerí–. No obstante, el asunto debe de ser bastante convincente. ¿Puedo verlo?

Él me tendió el último ejemplar de “Caminan Entre Nosotros” y yo me senté cautelosamente en el borde de la cama. Pensaba que al menos se había calmado lo bastante para no volverme a encañonar con la pistola. De nuevo era una mala fotocopia, las letras ligeramente desalineadas con el papel. No era muy gruesa: ocho páginas, doce a lo sumo, impresas en folios. La fecha en la parte de arriba rezaba DICIEMBRE. Debía de ser el número más reciente.

–Esto es una cosa rara, Sam Goode –afirmé.

Sonrió.

–A la gente rara le gusta las cosas raras.

–¿Dónde las consigues? –le pregunté.

–Estoy subscrito.

–Lo sé, ¿pero cómo?

Sam se encogió de hombros.

–No lo sé. Simplemente empezaron a llegar un día.

–¿Estás subscrito a alguna otra revista? Puede que tomaran tus datos de contacto de ahí.

–Una vez fui a una convención. Creo que me inscribí para algún concurso o algo así mientras estuve allí. No me acuerdo. Siempre he supuesto que allí consiguieron mi dirección.

Eché un vistazo a la portada. No incluía una dirección web por ninguna parte, y no es que yo esperase que la hubiese teniendo en cuenta que Henri ya había rastreado Internet a fondo. Leí el titular del artículo de la parte superior:

¿ES TU VECINO UN ALIENÍGENA?
¡DIEZ MANERAS SEGURAS DE SABERLO!

En mitad del artículo había una foto de un hombre sosteniendo una bolsa de basura en una mano y la tapadera del contenedor en la otra. Estaba de pie al final del porche de una casa y era de suponer que estaba en el proceso de tirar la bolsa al bidón. Aunque toda la publicación estaba en blanco y negro, había cierto resplandor en los ojos del hombre. Era una imagen horrorosa, como si alguien hubiera tomado una foto del vecino desprevenido y luego le hubiera coloreado los ojos con un lápiz de cera. Me daban ganas de reír.

–¿Qué? –preguntó Sam.

–Esta es una imagen malísima. Se parece a algo de Godzilla.

Sam lo miró y luego se encogió de hombros.

–No sé –repuso–. Podría ser real. Como tú has dicho, veo alienígenas por todas partes, y en todas las cosas.

–Pero yo pensaba que los extraterrestres se parecían a eso –dije y señalé al póster fluorescente de la pared.

–No me lo creo todo de ellos –señaló–. Como has dicho, tú eres un extraterrestre con superpoderes y no te pareces a eso.

Los dos nos reímos, y yo me pregunté cómo iba a salir de aquella. Con un poco de suerte Sam nunca descubriría que le estaba contando la verdad. Aunque una parte de mí quería contárselo… Hablarle de mí, de Henri, sobre Lorien… Y me preguntaba cuál sería su reacción. ¿Me creería?

Abrí la publicación para buscar la página de la editorial que tiene todo periódico o revista. Allí no la había, sólo más historias y teorías.

–No hay página de información editorial.

–¿A qué te refieres?

–Ya sabes, las revistas y periódicos siempre tienen esa página en la que aparece el equipo de redacción, editores, escritores, donde ha sido impresa, y todo eso. Ya sabes, preguntas, contactos y etcétera, etcétera. Todas las publicaciones lo tienen, pero esta no.

–Tienen que proteger su anonimato –replicó Sam.

–¿De qué?

–De los alienígenas –contestó, y sonrió como reconociendo lo absurdo del asunto.

–¿Tienes el número del último mes?

Lo tomó del armario. Lo hojeé rápidamente, esperando que el artículo de los mogadorianos estuviera en este y no en meses anteriores. Y entonces lo encontré en la página cuatro.

LA RAZA MOGADORIANA TRATA DE APODERARSE DE LA TIERRA.

La raza alienígena mogadoriana, del planeta Mogador de la Novena Galaxia, llevaba en la Tierra ya unos diez años. Eran una raza sanguinaria a la búsqueda de la dominación universal. Se rumoreaba que habían aniquilado otro planeta no muy distinto a la Tierra, y estaban planeando descubrir las debilidades de la Tierra en pos de que nuestro planeta fuera el siguiente en ser colonizado.

(Más en el siguiente número.)

Leí el artículo tres veces. Esperaba que allí pudiera haber más de lo que Sam ya había contado, pero no hubo suerte. Y no había Novena Galaxia. Me preguntaba de dónde habían sacado eso. Hojeé el número nuevo dos veces. No se mencionaba a los mogadorianos. Lo primero que pensé fue que no había nada más que contar, que no se había logrado presentar más noticias. Pero no creí que ese fuera el caso. Luego pensé que los mogadorianos leerían el número y luego se encargarían del problema, sea cual fuera este.

–¿Te importa prestarme esta? –le pregunté, levantando el número del mes pasado.

Él asintió con la cabeza.

–Pero ten cuidado con ella.




Tres horas después, a las ocho en punto, la madre de Sam aún no había llegado a casa. Le pregunté a Sam dónde estaba ella y él se encogió de hombros como si no lo supiera y su ausencia no fuera nada nuevo. La mayor parte del tiempo simplemente jugamos a videojuegos y vimos la tele, y para cenar tomamos comida de microondas. En todo el tiempo que estuve allí él no llevó ni una sola vez sus gafas, lo que era raro puesto que nunca le había visto sin ellas antes. Incluso cuando corrimos el kilómetro en clase de Educación Física se las dejó puestas. Las tomé de lo alto de su mesa y me las puse. El mundo se volvió borroso en un instante y me empezó a doler la cabeza casi de inmediato.

Miré a Sam. Estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas, con la espalda apoyada contra la cama y un libro sobre extraterrestres en el regazo.

–¡Jesús! ¿De verdad tu visión es así de mala? –le pregunté.

–Eran de mi padre –apuntó, alzando la mirada hacia mí.

Me las quité.

–¿Alguna vez has necesitado gafas, Sam?

Él se encogió de hombros.

–En realidad no.

–Entonces, ¿por qué las llevas?

–Eran de mi padre.

Me las volví a poner.

–¡Guau! No sé cómo puedes siquiera andar en línea recta con ellas puestas.

–Tengo la vista acostumbrada a ellas.

–Sabes que eso se cargará tu vista si sigues llevándolas, ¿verdad?

–Para entonces veré lo que mi padre vio.

Me las quité y las volví a colocar donde las había encontrado. De verdad que no entendía por qué Sam las usaba. ¿Por razones sentimentales? ¿De verdad pensaba que aquello merecía la pena?

–¿Dónde está tu padre, Sam?

Él levantó la cabeza para mirarme.

–No lo sé –contestó.

–¿A qué te refieres?

–Desapareció cuando yo tenía siete años.

–¿Sabes a dónde fue?

Suspiró, dejó caer la cabeza y reanudó la lectura. Era evidente que no quería hablar de ello.

–¿Crees en estas cosas? –me preguntó después de unos cuantos minutos de silencio.

–¿En los extraterrestres?

–Sí.

–Sí, creo en los extraterrestres.

–¿Crees que de verdad abducen a gente?

–No tengo ni idea. Supongo que no podemos descartarlo. ¿Tú crees que lo hacen?

Asintió.

–La mayor parte del tiempo. Aunque a veces la idea resulte simplemente estúpida.

–No entiendo eso.

Él alzó la cabeza para mirarme.

–Creo que mi padre fue abducido –dijo.

Se puso tenso cuando las palabras abandonaron su boca y la vulnerabilidad fue patente en su cara. Lo que me hizo pensar que ya había compartido esa teoría antes, con alguien cuya respuesta fue menos que amable.

–¿Por qué piensas eso?

–Porque él simplemente desapareció. Fue a la tienda a comprar leche y pan, y nunca más volvió. Su camioneta estaba aparcada justo afuera de la tienda pero nadie de allí lo vio. Simplemente se desvaneció, y sus gafas estaban sobre la acera al lado de la camioneta. –Hizo una pausa de un segundo–. Tenía miedo de que estuvieras aquí para abducirme.

Era una teoría difícil de creer. ¿Cómo no pudo nadie haber visto a su padre ser abducido si el incidente sucedió en mitad de la ciudad? Tal vez su padre tuviera razones para marcharse y orquestó su propia desaparición. No es difícil desaparecer; Henri y yo lo habíamos hecho durante diez años. Pero todo lo del repentino interés de Sam por los alienígenas tenía perfecto sentido. Quizá Sam sólo quisiera ver el mundo como lo hizo su padre, pero puede que parte de él de verdad creyera que la última visión de su padre estuviera apresada en aquellas gafas, grabada de algún modo en sus cristales. Puede que pensara que con persistencia un día terminaría viéndolo él también, y que la última visión de su padre confirmaría lo que ya estaba en su cabeza. O quizás él creyera que si buscaba lo bastante finalmente encontraría un reportaje que probara que su padre fue abducido, y no sólo eso, sino que además podía ser salvado.

¿Y quién era yo para decir que un día no encontraría esa prueba?

–Te creo –le dije–. Creo que las abducciones alienígenas son muy posibles.


Traducido por Aurim.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

WUAU GRACIAS POR EL CApitulo!!!!!!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

muchas gracias de nuevo por este cap, estare esperando el otro.

Anónimo dijo...

Gracias por subirlo!!

Anónimo dijo...

muchas gracias estaba esperando el cap con ansias, y asi me quedo hasta el siguiente.eres genial gracias.

Anónimo dijo...

Esta muy genial ^-^ muchas gracias (: en marzo tendre la prueba de este libro y es el único sitio donde esta bien traducido =D

butter dijo...

gracias por el cap ! =)

Aurim dijo...

¡Hola a todos!

En primer lugar, quería daros las gracias por vuestro apoyo y disculparme por la lentitud en subir los capítulos. Pero es que estoy haciendo muchas cosas a la vez y no puedo dedicarle todo el tiempo que desearía. Si por mí fuera me llevaría todo el día con el libro, leyendo y traduciendo. ¡Me encanta! Y ya compartirlo con vosotros le da todo el sentido al esfuerzo y al tiempo invertido.

Varios de vosotros os habéis ofrecido a colaborar conmigo en la traducción, sabed que os lo agradezco muchísimo. Empecé la traducción como un proyecto personal, para mí misma y a mi ritmo. Pero ya sois muchos los que estáis siguiendo esta historia y comprendo que la espera se está haciendo demasiado larga. Por ello me parece muy buena idea incluir a más gente en este proyecto, eso sí, debo advertir XD : soy muy perfeccionista (nadie es perfecto XD), y me gustaría seguir supervisando los textos para aunar los términos, corregir ortografía (si fuera necesario) y maquetarlo todo con el mismo estilo. Sé que eso ralentiza la subida de capítulos, pero creo que merece la pena, cuando lees el texto y se te olvida que estás leyendo una traducción del original. Sé que vosotros sois los primeros que valoráis también la calidad.

Así que, Iamnumberfour, Chechu y Philux, si os parece bien colaborar bajo estas premisas yo estaría encantada de que fuéramos más en el proyecto ;D Poneros en contacto conmigo a través de aurim_nido@hotmail.com y distribuimos los siguientes capítulos.

Muchas gracias una vez más a todos por vuestro apoyo y comprensión ;) Besos

Maria Fernanda dijo...

Gracias por los capitulos...

Tatyana dijo...

Hola Muchisimas gracias por el cap y por traducir el libro !!!

Saluudos

Anónimo dijo...

Hola!!!!muchas gracias por subir los capitulos.....me encanta la traduccion..... besotes y abrazotes desde PERU!!!XD

LUISI dijo...

GRACIAS POR SUBIR LOS CAPÍTULOS! QUE GENIAL..

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