domingo, 26 de diciembre de 2010

CAPÍTULO 14 DE "SOY EL NÚMERO CUATRO" (I AM NUMBER FOUR)


Traducido por Aurim.
.
.
KEVIN SALIÓ DE LOS ÁRBOLES, VESTIDO COMO UNA MOMIA. Era él quien me había hecho el placaje. Las luces lo aturdieron y parecía estupefacto, tratando de averiguar de dónde estaban saliendo. Él estaba utilizando un dispositivo de visión nocturna. Así que ese era el modo en que ellos podían vernos, pensé. ¿Dónde los habían conseguido?

Arremetí y en el último segundo cambié de rumbo y lo hice tropezar.

–¡Suéltame! –oí venir de más adelante en el sendero. Alcé la vista y recorrí los árboles con mis luces, pero no se movía nada. No podía distinguir si era la voz de Emily o de Sarah. La risa masculina continuaba.

Kevin intentó ponerse en pie pero le di una patada en un lado antes de que lo lograra. Él volvió a caer al suelo con un <<¡Ehhhhh!>>. Le arranqué el dispositivo de visión nocturna de la cara y los tiré tan lejos como pude, y supe que aterrizaron por lo menos a un kilómetro y medio, puede que a tres, porque estaba tan encolerizado que mi fuerza estaba fuera de control. Entonces salí corriendo por el bosque antes de que Kevin pudiera siguiera incorporarse.

La senda serpenteaba a la izquierda, y luego a la derecha. Mis manos resplandecían sólo cuando necesitaba ver. Sentía que estaba cerca. Entonces vi a Sam más adelante, en pie con un par de brazos de zombi rodeándolo. Había otros tres cerca de él.

El zombi lo soltó.

–Tranquilo, sólo estamos de broma. Si no opones resistencia, no te haremos daño –le advirtió a Sam–. Siéntate o algo.

Encendí repentinamente las manos y les enfoqué las luces a los ojos para cegarlos. Quien estaba más cerca dio un paso hacia mí, yo me giré y lo golpeé en un lado de la cara y cayó inmóvil al suelo. Sus gafas de visión nocturna dieron contra una enorme zarza y desaparecieron. Un segundo tío trató de inmovilizarme con un apretado y enorme abrazo, pero yo lo rompí y lo levanté del suelo.

–¿Qué demonios…? –farfulló, confundido.

Lo lancé y golpeó contra el lateral de un árbol que estaba a seis metros. El tercer tío vio esto y salió corriendo. Eso dejó solo al cuarto, el que estaba agarrando a Sam. Él levantó la mano frente a éste como si estuviera apuntando con una pistola a su pecho.

–No ha sido idea mía –soltó.

–¿Qué ha planeado él?

–Nada, hombre. Sólo queríamos gastaros una broma, chicos, asustaros un poco.

–¿Dónde están?

–Soltaron a Emily. Sarah está más adelante.

–Dame tus gafas –le ordené.

–Ni hablar, amigo. Se las hemos tomado prestadas a la policía. Me meteré en problemas.

Di un paso hacia él.

–Bien –dije.

Él se las quitó y me las tendió. Las lancé incluso con más fuerza que con el par anterior. Esperaba que aterrizaran en el pueblo de al lado. Déjales que le expliquen eso a la policía.

Agarré la camisa de Sam con la mano derecha. No podía ver nada sin encender mi luz. Sólo en ese momento me di cuenta de que debería haber guardado las gafas para utilizarlas nosotros. Pero no lo hice, así que inspiré profundamente y dejé que mi mano izquierda brillara y comenzara a guiarnos por el sendero. Si Sam lo encontraba sospechoso, no lo decía.

Me detuve a escuchar. Nada. Seguimos adelante, zigzagueando a través de los árboles. Apagué la luz.

–¡Sarah! –grité.

Me paré a escuchar y no oí nada más que el soplar del viento a través de las ramas y la fatigosa respiración de Sam.

–¿Cuánta gente hay con Mark? –le pregunté.

–Cinco o así.

–¿Sabes qué dirección han tomado?

–No lo vi.

Seguimos adelante y no tenía idea de qué dirección tomábamos. Desde lo lejos oí el gruñido del motor del tractor. El cuarto carro estaba saliendo. Estaba desesperado y quería salir corriendo a toda prisa, pero sabía que Sam no podía seguirme el ritmo. Él ya estaba respirando con dificultad y yo incluso sudando a pesar de estar a sólo cuarenta y cinco grados de temperatura. O puede que estuviera confundiendo la sangre con sudor. No podía saberlo.

Cuando pasamos un árbol frondoso de tronco nudoso fui placado desde atrás. Sam gritó cuando un puño me golpeó en la parte de atrás de la cabeza y me quedé momentáneamente sin sentido, pero luego me giré y agarré al tipo por la garganta y encendí la luz en su cara. Él trató de despegar mis dedos pero fue inútil.

–¿Qué está tramando Mark?

–Nada –siseó él.

–Respuesta incorrecta.

Lo estampé contra el árbol más cercano a un metro y medio, luego lo volví a agarrar y lo levanté a treinta centímetros del suelo, de nuevo con una mano alrededor de su garganta. Me golpeó dando patadas como un loco, pero tensé mis músculos de forma que los puntapiés no hicieron daño.

–¿Qué está planeando hacer?

Lo bajé hasta que sus pies tocaron tierra firme, aflojando mi puño para permitirle hablar. Sentí que Sam me observaba, absorbiéndolo todo, pero no había nada que yo pudiera hacer al respecto.

–Sólo queríamos asustaros –jadeó entrecortadamente.

–Te juro que te partiré en dos si no me dices la verdad.

–Él cree que los demás os están llevando a rastras a Shepherd Falls. Allí es donde llevó a Sarah. Quería que ella le viera darte una paliza de la hostia, y después te iba a soltar.

–Llévame allí –le ordené.

Él caminó arrastrando los pies hacia adelante y yo apagué mi luz. Sam se agarró de mi camisa y nos siguió detrás. Cuando atravesamos un pequeño claro iluminado por la luz de la luna que llegaba de lo alto, pude ver que él estaba mirándome las manos.

–Son guantes –le expliqué–. Kevin Miller llevaba unos. Es una especie de accesorio de Halloween
.
Él asintió pero podía ver que estaba alucinando. Anduvimos durante casi un minuto hasta que oímos el sonido de una corriente de agua delante de nosotros.

–Dame tus gafas –le dije al tipo que nos guiaba.

Él vaciló y le giré el brazo. Se retorció de dolor y rápidamente se las quitó de la cara.

–¡Tómalas, tómalas! –chilló.

Cuando me las puse el mundo se volvió de color verde. Lo empujé con fuerza y él cayó al suelo.

–Vamos –le dije a Sam, y anduvimos hacia el frente, dejando al tipo atrás.

Más adelante vi al grupo. Conté ocho tíos, más Sarah.

–Ya puedo verlos. ¿Quieres esperar aquí o venir conmigo? Puede ponerse feo.

–Quiero ir –contestó Sam. Podía ver que estaba asustado, aunque no estaba seguro de si era por lo que me había visto hacer o por los jugadores de rugby que teníamos enfrente.

Recorrí el resto del trayecto tan silencioso como pude, con Sam andando de puntillas detrás de mí. Cuando estábamos a sólo unos metros una ramita hizo un chasquido bajo el pie de Sam.

–¿John? –preguntó Sarah. Estaba sentada sobre una gran piedra con las rodillas en su pecho y envolviéndoselas con los brazos. Ella no llevaba gafas de visión nocturna y entrecerró los ojos en nuestra dirección.

–Sí –le confirmé–. Y Sam.

–Te lo dije –exclamó sonriendo, y supuse que estaba hablándole a Mark.

El agua que había oído no era más que el murmullo de un arroyo. Mark dio un paso al frente.

–Bueno, bueno, bueno… –dijo.

–Cállate, Mark –le increpé–. El estiércol en mi taquilla es una cosa, pero has ido demasiado lejos esta vez.

–¿Tú crees? Somos ocho contra dos.

–Sam no tiene nada que ver con esto. ¿Te da miedo enfrentarte a mí solo? –le pregunté–. ¿Qué esperas que pase? Has intentado retener a dos personas. ¿De verdad piensas que van a guardar silencio?

–Sí, lo pienso. Cuando me vean patearte el culo.

–Estás delirando –le corté, luego me volví hacia los demás–. A aquellos de vosotros que no quieran ir a parar al agua les sugiero que se vayan ahora. Mark va a ir, sin importar lo que diga. Ha perdido su oportunidad de trueque.

Todos se rieron por lo bajo. Uno de ellos preguntó qué significaba “trueque”.

–Ahora es vuestra última oportunidad –les repetí.

Todos ellos se mantuvieron firmes.

–Que así sea –sentencié.

Una excitación nerviosa se plantó en el centro de mi pecho. Cuando di un paso hacia el frente Mark retrocedió y se tropezó con sus propios pies, cayendo al suelo. Dos de los chicos vinieron hacia mí, ambos más grandes que yo. Uno se inclinó, pero yo esquivé su puñetazo y le dirigí uno mío a la barriga. Se dobló sobre sí mismo agarrándose el estómago con las manos. Empujé al segundo tío y sus pies abandonaron el suelo. Aterrizó con un ruido sordo a un metro y medio, y del impulso cayó al agua. Se incorporó chapoteando. Los demás se quedaron clavados, estupefactos. Sentí que Sam se movía hacia Sarah. Agarré al primer tipo y tiré de él por el suelo. Sus erráticas patadas cortaban el aire pero no golpearon nada. Cuando estuvimos en la orilla del arroyo lo levanté por la cinturilla de sus pantalones vaqueros y lo arrojé al agua. Otro tío arremetió contra mí. Yo simplemente lo esquivé y amerizó de cabeza en el arroyo. Con tres caídos, quedaban cuatro. Me preguntaba cuánto de ello podían ver Sarah y Sam sin las gafas puestas.

–Chicos, me lo estáis poniendo demasiado fácil –les dije–. ¿Quién es el siguiente?

El más grande del grupo lanzó un puñetazo que no llegó ni a acercarse a golpearme, aunque lo contrarresté con tal rapidez que su codo me alcanzó en la cara y la correa de las gafas se rompió. Las gafas de visión nocturna cayeron al suelo. Ahora sólo podía ver leves sombras. Lancé un puñetazo y golpeé al tipo en la mandíbula y éste cayó al suelo como un saco de patatas. Parecía sin vida, y temí haberle golpeado demasiado fuerte. Le quité las gafas de la cara y me las puse.

–¿Algún voluntario?

Dos más alzaron sus manos enfrente de ellos a modo de rendición; el tercero se quedó parado con la boca abierta jadeando como un idiota.

–Eso te deja a ti sólo, Mark.

Mark se dio media vuelta como si tuviera la intención de correr, pero yo arremetí hacia el frente y lo agarré antes de que pudiera hacerlo, le levanté los brazos en una llave. Se retorció de dolor.

–Esto se ha terminado ahora mismo, ¿me has entendido?

Le apreté con más fuerza y gruñó por el dolor.

–Lo que sea que tienes contra mí, lo dejas ya. Eso incluye a Sam y a Sarah. ¿Lo has entendido?

Tensé mi llave. Temía que si apretaba con más fuerza sus hombros se salieran de su sitio.

–Te lo he dicho, ¿me has entendido?

–¡Sí!

Lo arrastré para acercarlo a Sarah. Sam estaba sentado sobre una piedra a su lado ahora.

–Discúlpate.

–Vamos, hombre. Ya has probado lo que decías.

Apreté más.

–¡Lo siento! –gritó.

–Dilo como si fuera cierto.

Él tomó aire profundamente.

–Lo siento –repitió.

–¡Eres un gilipollas, Mark! –dijo Sarah, y le cruzó la cara de una bofetada. Él se tensó, pero yo lo agarraba firmemente y no había nada que él pudiera hacer al respecto.

Lo arrastré hacia el agua. El resto de los muchachos se quedaron observando en shock. El tío al que había dejado sin conocimiento se había incorporado y se rascaba la cabeza como si tratara de averiguar qué había sucedido. Solté un suspiro de alivio al ver que no le había causado daño grave.

–No le vas a decir una palabra de esto a nadie, ¿me has entendido? – ordené, con mi voz tan baja que sólo Mark pudo oírme–. Todo lo que ha sucedido esta noche se queda aquí. Lo juro, si oigo una palabra de ello en el instituto la semana que viene esto no será nada comparado con lo que te sucederá. ¿Me has entendido? Ni una sola palabra.

–¿De verdad crees que diría nada? –soltó él.

–Asegúrate de decirles a tus amigos lo mismo. Si ellos se lo cuentan a una sola alma será a por ti a por quien vaya.

–No dirán nada –aseguró.

Le solté, le puse un pie en el culo y lo empujé de cabeza al agua. Sarah estaba de pie en la piedra, con Sam a su lado. Ella me abrazó con fuerza cuando llegué hasta donde estaba.

–¿Sabes kung fu o algo así? –me preguntó.

Me reí con nerviosismo.

–¿Pudiste ver algo?

–No mucho, pero puedo saber lo que ha sucedido. Es decir, ¿has estado entrenándote en las montañas toda tu vida o qué? No entiendo cómo has hecho eso.

–Supongo que sólo tenía miedo de que pudiera sucederte algo. Y sí, están esos doce años de entrenamiento en artes marciales allá en lo alto de El Himalaya.

–Eres increíble. –Sarah se echó a reír–. Salgamos de aquí.

Ninguno de los muchachos nos dirigió una sola palabra. A los tres metros me di cuenta de que no tenía ni idea de adónde iba, así que le di las gafas a Sarah para que nos guiara por el camino.

–Maldita sea, no puedo creerlo –despotricaba ella–. Es decir, ¡qué gilipollas! Espera a que intenten explicárselo a la policía. No voy a permitir que se zafe de esto.

–¿De verdad vas a ir a la policía? El padre de Mark es el sheriff después de todo –le señalé.

–¿Por qué no lo haría después de esto? Ha sido una gilipollez. El trabajo del padre de Mark es hacer respetar la ley, incluso cuando su hijo la quebranta.

Me encogí de hombros en la oscuridad.

–Creo que han recibido su castigo.

Me mordí el labio, aterrado de que la policía se viera envuelta. Si lo hacía tendría que marcharme, me gustara o no. Haría las maletas y saldría de la ciudad a la hora de que Henri lo supiese. Suspiré.

–¿No crees? –le pregunté–. Me refiero a que esta noche ya han perdido varias de las gafas de visión nocturna. Tendrán que explicar eso. Y eso sin mencionar el agua helada…

Sarah no dijo nada. Caminamos en silencio y recé para que estuviera dándole vueltas a las ventajas de dejarlo pasar.

Finalmente avistamos la linde del bosque. Las luces llegaban desde el parque. Cuando me detuve, Sarah y Sam me miraron. Sam había estado todo el tiempo en silencio, y yo tenía la esperanza de que fuera porque en realidad no hubiera podido ver lo que había sucedido, que por una vez la oscuridad hubiera servido de aliada inesperada, que tal vez él sólo estuviera un poco conmocionado por todo lo ocurrido.

–Es cosa vuestra, chicos –dije–, pero yo estoy totalmente a favor de simplemente dejar la cosa así. De verdad que no quiero tener que hablar de lo sucedido con la policía.

La luz caía sobre la cara de escepticismo de Sarah. Negó con la cabeza.

–Creo que él tiene razón –estuvo de acuerdo Sam–. No quiero tener que sentarme y escribir una estúpida declaración durante la próxima media hora. Estaré metido en una buena mierda; mi madre cree que me fui a la cama hace una hora.

–¿Vives cerca? –pregunté.

Él asintió.

–Sí, y voy a irme antes de que ella se asegure de que estoy en mi cuarto. Nos veremos por ahí.

Sin más palabras, Sam se alejó rápidamente. Estaba claramente nervioso. Probablemente nunca había estado metido en una pelea y desde luego nunca en una donde lo retuvieran y lo atacasen en el bosque. Trataría de hablar con él al día siguiente. Si había visto algo que no debería haber visto, lo convencería de que su vista le había jugado una mala pasada.

Sarah me giró la cara hacia ella y recorrió la línea de mi corte con su dedo pulgar, pasándolo muy suavemente por mi frente. Luego recorrió mis cejas, mirándome fijamente a los ojos.

–Gracias por esta noche. Sabía que vendrías.

Yo me encogí de hombros.

–No iba a dejar que él te asustara.

Ella sonrió y pude ver sus ojos brillando a la luz de la luna. Ella se movió hacia mí y cuando me di cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir se me quedó la respiración atrapada en la garganta. Ella presionó sus labios contra los míos y todo mi interior se volvió de goma. Fue un beso suave, prolongado. Mi primer beso. Luego ella se apartó y sus ojos me abarcaron. No sabía qué decir. Por mi cabeza pasaba un millón de ideas diferentes. Sentía las piernas flojas y apenas era capaz de mantenerme en pie.

–Supe que eras especial la primera vez que te vi –dijo ella.

–Yo sentí lo mismo por ti.

Ella subió la mano y me besó de nuevo, con ésta me presionaba suavemente la mejilla. Durante los primeros segundos estuve perdido en la sensación de sus labios sobre los míos y en la idea de estar con esta chica preciosa.

Ella se apartó y los dos nos sonreímos, sin decir nada, mirándonos fijamente a los ojos el uno al otro.

–Bueno, creo que será mejor ir a ver si Emily está todavía aquí –sugirió Sarah después de unos diez segundos–. O si no me quedaré aquí varada.

–Estoy seguro de que ella está aquí –le contesté.

Nos tomamos de la mano de camino a la carpa. Yo no podía dejar de pensar en nuestros besos. El quinto tractor traqueteó a través del sendero. El remolque iba lleno y aún había una fila de más o menos diez personas que esperaban su turno. Y después de todo lo que había sucedido en el bosque, con la cálida mano de Sarah en la mía, la sonrisa no abandonó mi cara.

Traducido por Aurim.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

wowo magnifico regalo de papa noel. Gracias Aurim, pero cada vez la esepera se hace mas dura, ojala no tengamos que esperar a los reyes magos para ver lo que pasa en el siguente cap. Gracias de nuevo por compartir tu trbajo con todos.

Besos

butter dijo...

Gracias por el capi!!!!!!

Anónimo dijo...

gracias por el cap, pero quiero mas

Silvery dijo...

Gracias, gracias, gracias!!!
Feliz Navidad y muchísimas gracias por el regalo Aurim, estoy deseando leerlo.
Un besazo!

Anónimo dijo...

wuau, gracias habia esperado mucho para leer este capitulo, una pregunta ¡cuando es el dia exacto de la publicacion en español?

Aurim dijo...

¡Hola a todos!

Pues la Editorial Molino anuncia la publicación de su versión en español para el 10 de febrero.

cyberalejo17 dijo...

Excelente trabajo. Muchas gracias.

Un pequeño favor.... será que al final podrían convertir el libro a ePub o a mobi(especialmente este.... es para mi Kindle).

Se los agradecería mucho.

Anónimo dijo...

¿donde encuentro el 15 avo capitulo??

MG dijo...

y van a seguir con el libro, yo quiero descargarlo, saben si alguien lo tiene escaneado.

gerrywht dijo...

mmmm rayos y el capitulo 20? donde esta si quieren ayudo a traducir no tengo el libro me pasa un link?

Unknown dijo...

oygan suban el capitulo 20

Abril dijo...

Piensas seguir subiendo mas capítulos?? contesta por favor! :)entrada

Publicar un comentario