sábado, 23 de octubre de 2010

CAPÍTULO 13 DE "SOY EL NÚMERO CUATRO" (I AM NUMBER FOUR)


Traducido por Aurim.


NIÑOS CORRIENDO, GRITANDO, EN LOS TOBOGANES Y EN LAS estructuras para trepar. Cada niño con una bolsa de caramelos en su mano, con la boca rellena de dulces. Niños vestidos de personajes de dibujos animados, monstruos, demonios y fantasmas. Cada vecino de Paradise debía de estar en el parque en ese momento. Y en medio de toda esa locura vi a Sarah, sentada sola, empujándose suavemente en un columpio.

Zigzagueé a través de gritos y chillidos. Cuando Sarah me vio sonrió, con esos grandes ojos azules suyos brillando como un faro.

–¿Necesitas un empujoncito? –pregunté.

Ella hizo una señal hacia el columpio que estaba libre a su lado y yo me senté.

–¿Estás bien? –pregunté.

–Sí. Estoy bien. Es sólo que él me agota. Siempre tiene que hacerse el duro y es un auténtico canalla cuando está cerca de sus amigos.

Ella giró sobre su columpio hasta que las cadenas estuvieron tirantes, luego levantó los pies y éste se desenrolló girando como un trompo, lentamente al principio, tomando velocidad después. Sarah se rió todo el tiempo, con su cabello rubio dejando una estela detrás de ella. Yo hice lo mismo. Cuando el columpio finalmente se detuvo el mundo me seguía dando vueltas.

–¿Dónde está Bernie Kosar?

–Lo dejé con Henri –le respondí.

–¿Tu padre?

–Sí, mi padre. –Yo hacía eso constantemente, llamar a Henri por su nombre cuando debería estar llamándolo “papá”.

La temperatura estaba descendiendo rápidamente, y los nudillos de mis manos estaban blancos sobre la cadena del columpio, lo que las ponía aún más frías. Observamos a los niños correr frenéticamente a nuestro alrededor. Sarah me miró y sus ojos parecieron más azules que nunca con la caída del atardecer. Nos mantuvimos la mirada largamente, cada uno de nosotros sólo mirando al otro, aunque no se dijo una palabra pasó mucho entre nosotros. Parecía que los niños se desdibujaban en un segundo plano. Entonces ella sonrió tímidamente y apartó la mirada.

–Entonces, ¿qué vas a hacer? –le pregunté.

–¿Sobre qué?

–Sobre Mark.

Ella se encogió de hombros.

–¿Qué puedo hacer? Ya rompí con él. Sigo diciéndole que no tengo interés en que volvamos a estar juntos.

Yo asentí. No estaba seguro de cómo responder a eso.

–Pero de todos modos, probablemente debería intentar vender el resto de estas papeletas. Sólo queda una hora para la rifa.

–¿Quieres que te ayude?

–No, está bien. Deberías ir a pasártelo bien. Seguramente Bernie Kosar tiene que estar echándote de menos. Pero definitivamente deberías quedarte para la carroza. ¿Podríamos ir juntos?

–Iremos –le confirmé. La felicidad florecía en mi interior, pero traté de mantenerlo escondido.

–Te veo en un ratito entonces.

–Buena suerte con las papeletas.

Ella extendió la mano y agarró la mía y la sostuvo durante tres buenos segundos. Luego la soltó, se bajó del columpio y se alejó rápidamente. Me quedé sentado allí, meciéndome suavemente, disfrutando del viento fresco que no había sentido en mucho tiempo, puesto que habíamos pasado el último invierno en Florida, y el anterior a ese en el sur de Texas. Cuando me dirigí de nuevo a la carpa Henri estaba sentado en una mesa de picnic, comiendo un trozo de tarta con Bernie Kosar echado a sus pies.

–¿Cómo ha ido?

–Bien –respondí con una sonrisa.

Desde algún lugar se lanzaron fuegos artificiales y estallaron naranjas y azules en el cielo. Aquello hizo que pensara en Lorien y en los fuegos artificiales que vi el día de la invasión.

–¿Has pensado algo más de la segunda nave que vi?

Henri miró a nuestro alrededor para asegurarse de que no había nadie que pudiera escucharnos. Teníamos la mesa de picnic para nosotros solos, situada en la esquina más apartada del gentío.

–Un poco. Pero aún no tengo idea de lo que significa.

–¿Crees que podría haber viajado hasta aquí?

–No. No sería posible. Si funcionaba con combustible, como dices, no habría sido capaz de viajar hasta tan lejos sin repostar.

Me quedé allí sentado durante un momento.

–Ojalá hubiera podido.

–¿Hubiera podido el qué?

–Viajar hasta aquí, con nosotros.

–Es una bonita idea –dijo Henri.



Pasó una hora más o menos y vi a todos los jugadores de rugby, con Mark al frente, atravesar andando la hierba. Iban disfrazados de momias, zombis, fantasmas… Veinticinco en total. Se sentaron en las gradas del campo de béisbol más cercano, y las animadoras que estaban pintando a los niños empezaron a maquillarlos para completar el disfraz de Mark y sus amigos. Fue sólo entonces cuando me di cuenta de que los jugadores de rugby serían los que se ocuparan de meter miedo en la carroza embrujada, los que nos esperarían en el bosque.

–¿Ves eso? –le pregunté a Henri.

Henri los miró y asintió, luego agarró su café y tomó un largo trago.

–¿Aún crees que deberías ir a la cabalgata? –preguntó.

–No. Pero voy a ir de todas formas.

–Me lo imaginaba.

Mark iba vestido de una especie de zombi, con ropa hecha jirones, con maquillaje negro y gris en la cara y manchurrones al azar de rojo para simular sangre. Cuando su disfraz estuvo completo, Sarah se acercó caminando a él y le dijo algo. La voz de él se hizo más elevada pero no pude oír lo que estaba diciendo. Sus movimientos eran impetuosos y hablaba tan rápido que podía ver que tropezaba con sus propias palabras. Sarah se cruzó de brazos y negó con la cabeza. El cuerpo de él se tensó. Yo me puse en pie, pero Henri me agarró del brazo.

–No lo hagas –me aconsejó–. Él simplemente la está alejando más.

Los miraba y deseé con todas mis fuerzas poder oír lo que estaban diciendo, pero había demasiados niños gritando a nuestro alrededor para concentrarme en ellos. Cuando el griterío paró los dos estaban parados mirándose uno al otro, con un hiriente ceño fruncido en la cara de Mark y una sonrisa incrédula en la de Sarah. Luego ella negó con la cabeza y se alejó.

Miré a Henri.

–¿Qué debería hacer yo ahora?

–Nada de nada.

Mark volvió con sus amigos, con la cabeza baja y frunciendo el ceño. Varios de ellos miraron en mi dirección. Aparecieron sonrisitas de suficiencia. Luego empezaron a encaminarse hacia el bosque. Con paso metódico veinticinco tíos disfrazados desvaneciéndose a lo lejos.



Para matar el tiempo volví al centro de la ciudad con Henri y cenamos en El Oso Hambriento. Cuando regresamos el sol se había puesto y el primer remolque ya había sido preparado con los montones de heno y un tractor verde lo remolcaba hasta el bosque. La afluencia de público había decaído considerablemente y aquellos que quedaban eran en su mayoría estudiantes de instituto y los adultos más animados, lo que en total sería un centenar más o menos de personas. Busqué a Sarah entre ellos, pero no la vi. El siguiente remolque se iba en diez minutos. Según el folleto la vuelta entera duraba media hora, el tractor iba a atravesar el bosque lentamente, acrecentando la expectación, y luego se detendría y los viajeros bajarían y seguirían un sendero diferente, momento en el cual empezarían los sustos.

Henri y yo estábamos bajo la carpa y volví a escudriñar la fila de gente que esperaba su turno. Todavía no la veía. Justo en ese momento me vibró el móvil en el bolsillo. No podía recordar la última vez que sonaba mi teléfono sin que fuera Henri llamándome. La identificación de llamada indicaba SARAH HART. La excitación y el nerviosismo se apoderaron de mi interior.

–¿Diga? –contesté.

–¿John?

–Sí.

–Hola, soy Sarah. ¿Aún estás en el parque? –Ella sonaba como si llamarme fuera normal, como si yo no debiera extrañarme de que ella ya tuviera mi número a pesar de que nunca se lo había dado.

–Sí.

–¡Genial! Volveré allí en unos cinco minutos. ¿Ha empezado el recorrido?

–Sí, hace un par de minutos.

–Todavía no has ido, ¿no?

–No.

–¡Oh, bien! Espera para que podamos ir juntos.

–Sí, desde luego –dije–. El segundo acaba de salir ahora.

–Perfecto. Estaré allí a tiempo para el tercero.

–Te veo entonces.

Colgué con una sonrisa enorme en la cara.

–Ten cuidado ahí afuera –me advirtió Henri.

–Lo tendré. –Luego hice una pausa y traté de poner ligereza en mi voz–. No tienes que quedarte. Estoy seguro de que puedo conseguir llegar a casa.

–Estoy dispuesto a quedarme y vivir en esta ciudad, John. Incluso cuando es probable que sea más inteligente que nos fuéramos, dados los acontecimientos ya acaecidos. Pero vas a tener que llegar a un acuerdo conmigo en algunas cosas. Y esta es una de ellas. Me ha gustado poco la mirada que te han echado antes esos chicos.

Asentí.

–Estaré bien –le aseguré.

–Estoy seguro de que lo estarás, pero sólo por si acaso voy a quedarme justo aquí esperando.

Suspiré.

–Bien.

Sarah apareció cinco minutos después con una amiga bastante bonita a la que ya había visto antes pero que nunca me habían presentado. Ella se había cambiado y llevaba unos vaqueros, un jersey de lana y una chaqueta negra. Se había borrado el dibujo del fantasma que tenía en la mejilla derecha y llevaba el pelo suelto, cayendo por debajo de los hombros.

–¿Qué hay? –saludó.

–Hola.

Ella me rodeó con sus brazos en un abrazo indeciso. Pude oler su perfume emanado de su cuello. Después se soltó.

–Hola, padre de John –saludó a Henri–. Esta es mi amiga Emily.

–Encantado de conoceros a las dos –respondió Henri–. Así que ¿vais a adentraros en el terror a lo desconocido?

–¡Por supuesto que sí! –afirmó Sarah–. ¿Estará bien éste ahí fuera? No quiero que se suba a mí, demasiado asustado –le dijo Sarah a Henri, haciendo una señal hacia mí con una sonrisa.

Henri sonrió abiertamente y pude ver que ya le caía bien Sarah.

–Mejor quédate cerca por si acaso.

Ella miró sobre su hombro. El tercer remolque estaba lleno en su cuarta parte.

–Lo mantendré a salvo –prometió ella–. Será mejor que nos vayamos.

–Que lo paséis bien –se despidió Henri.

Sarah me sorprendió al tomarme de la mano y los tres nos fuimos corriendo hacia la carroza, que estaba a unos cien metros de la carpa. Había desplegada una fila de unas treinta personas. Nos fuimos al final de ésta y empezamos a charlar, aunque me sentía un poco tímido y yo más que nada escuchaba a las dos chicas hablar. Mientras esperábamos vi que Sam merodeaba por un lateral como considerando si aproximarse a nosotros o no.

–¡Sam! –grité con más entusiasmo de lo que pretendía. Él vino tambaleándose–. ¿Vienes a dar el viaje con nosotros?

Él se encogió de hombros.

–¿No te importa?

–Vamos –le animó Sarah y le hizo una señal para que se nos uniera.

Él se paró junto a Emily, quien le sonrió. De inmediato empezó a ponerse rojo y yo estaba extasiado porque fuera a venir al recorrido. De repente se aproximó un chico que sostenía un walkie-talkie. Le reconocí del equipo de rugby.

–Hola, Tommy –lo saludó Sarah.

–Hola –le respondió él–. Hay cuatro asientos a la izquierda en el carro. ¿Los queréis?

–¿Ah, sí?

–Sí.

Nos saltamos la fila y subimos al remolque, donde los cuatro nos sentamos juntos sobre una paca de heno. Encontré extraño que Tommy no nos pidiera los tickets. En general también sentía curiosidad por el porqué de que nos dejara saltarnos la cola. Algunas de las personas que estaban esperando nos miraron con indignación. No podía decir que los culpara.

–Disfrutad del viaje –nos despidió Tommy con una sonrisa burlona, del tipo que había visto utilizar a la gente cuando contaba algo malo que le había pasado a alguien que despreciaba.

–Eso ha sido raro –señalé.

Sarah se encogió de hombros.

–Es probable que esté chiflado por Emily.

–¡Oh, Dios mío! Espero que no –dijo Emily, y luego fingió tener arcadas.

Observé a Tommy desde la paca de heno. El remolque sólo estaba medio lleno, otra cosa más que me parecía extraña puesto que había mucha gente esperando.

El tractor arrancó, tomó el sendero y se dirigió a través de la entrada del bosque, de donde llegaban sonidos de espanto a través de altavoces ocultos. El bosque era espeso y en él no penetraba más luz que el resplandor de la parte delantera del tractor. Una vez que estas se apaguen, pensé, no habrá más que oscuridad. Sarah me tomó la mano otra vez. Ella estaba fría al tacto, pero una sensación de calidez me atravesó. Ella se inclinó hacia mí y susurró:

–Estoy un poco asustada.

Justo sobre nosotros colgaban siluetas de fantasmas desde las ramas más bajas, y alejados del trayecto había zombis haciendo muecas, apoyados sobre varios árboles. El tractor se detuvo y apagó las luces. Entonces llegaron unas luces estroboscópicas intermitentes que destellaron durante diez segundos. No había nada terrorífico en ellas y sólo cuando se apagaron entendí su efecto: a nuestros ojos les llevó unos cuantos segundos adaptarse y no podíamos ver nada. Entonces un grito irrumpió atravesando la noche y Sarah se tensó contra mí cuando unas figuras nos rodearon rápidamente. Entrecerré los ojos para enfocarlos y vi que Emily se había puesto al lado de Sam, y que él estaba sonriendo de oreja a oreja. La verdad es que yo estaba un poco asustado. Puse el brazo con cuidado alrededor de Sarah. Una mano nos rozó la espalda y Sarah se agarró fuertemente de mi pierna. Algunos de los otros gritaron. Con una sacudida el tractor dio la vuelta y continuó hacia adelante, con sólo el contorno de los árboles bajo su luz.

Condujimos durante otros tres o cuatro minutos. La expectación aumentaba, así como el miedo aprensivo a tener que caminar la distancia que acabábamos de recorrer. Entonces el tractor se adentró en un claro circular y se paró.

–Todo el mundo abajo –gritó el conductor.

Cuando la última persona se bajó, el tractor arrancó. Sus luces se perdieron en la distancia, luego desaparecieron, dejando nada más que la noche y ni un solo sonido más que el que nosotros hacíamos.

–Mierda –dijo alguien, y todos nosotros nos reímos.

En total éramos once. Se encendió un sendero de luces, mostrándonos el camino, después se apagó. Cerré los ojos para concentrarme en el tacto de los dedos de Sarah entrelazados con los míos.

–No tengo ni idea de por qué hago esto cada año –se quejó Emily nerviosa, rodeándose con los brazos.

La otra gente había empezado a bajar por el sendero y nosotros los seguimos. La senda de luces parpadeaba de vez en cuando para mantenernos en el camino. Los demás iban por delante bastante alejados y no los podíamos ver. Apenas podía ver el suelo a mis pies. De pronto tres o cuatro gritos resonaron enfrente de nosotros.

–Oh, no –exclamó Sarah, y apretó mi mano–. Suena a problemas ahí delante.

Justo en ese momento algo pesado cayó sobre nosotros. Las dos chicas gritaron, al igual que Sam. Tropecé y caí al suelo, lastimándome la rodilla, enredado en lo que demonios quiera que fuese aquello. Entonces me di cuenta de que ¡era una red!

–¿Qué demonios…? –preguntó Sam.

Rasgué directamente la cuerda liada, pero al segundo de liberarme fui empujado con fuerza desde atrás. Alguien me agarró y me apartaron a rastras de las muchachas y de Sam. Me solté y me enderecé, pero inmediatamente fui golpeado de nuevo por la espalda. Aquello no era parte del recorrido.

–¡Suéltame! –gritó una de las chicas.

Hubo una carcajada masculina en respuesta. Yo no podía ver nada. Las voces de las muchachas se distanciaban de mí.

–¿John? –llamó Sarah.

–¿Dónde estás, John? –gritó Sam.

Me puse en pie para ir tras ellos, pero me volvieron a golpear. No, no era eso exactamente. Me habían hecho un placaje. El viento me azotaba cuando patiné arando el suelo. Me levanté rápidamente y traté de recuperar el aliento, con la mano contra un árbol para sostenerme. Me limpié la tierra y las hojas de la boca.

Estuve allí de pie unos cuantos segundos y no oía más ruido que mi propia respiración trabajosa. Justo cuando pensaba que me habían dejado solo, alguien se echó sobre mí y me envió volando a un árbol cercano. Me golpeé violentamente la cabeza contra el tronco y durante un breve lapso de tiempo vi las estrellas. Me sorprendió la fortaleza de aquella persona. Alcé la mano, me toqué la frente y sentí la sangre sobre los dedos. Volví a mirar a mi alrededor, pero no podía ver nada más que la silueta de los árboles.

Oí el grito de una de las chicas, seguido de ruidos de forcejeo. Apreté los dientes. Yo estaba temblando. ¿Había gente oculta en el muro de árboles que tenía a mi alrededor? No podía saberlo. Pero sentía un par de ojos sobre mí, en algún lugar.

–¡Déjame en paz! –gritó Sarah. La estaban alejando, podía darme cuenta de cuánto.

–Está bien –dije a la oscuridad, a los árboles. La ira me atravesó–. ¿Quieres jugar? –pregunté, en voz alta esta vez.

Alguien se carcajeó cerca.

Di un paso hacia el sonido. Me empujaron desde atrás, pero mantuve el equilibrio antes de caer. Di ciegamente un puñetazo al aire y el dorso de mi mano rozó contra la corteza de un árbol. No había nada que hacer. ¿Qué sentido tenía poseer Legados si nunca los utilizabas cuando lo necesitabas? Aunque eso significara que Henri y yo cargáramos la furgoneta esta noche y nos fuéramos a otra ciudad, por lo menos habría hecho lo que tenía que hacer.

–¿Quieres jugar? –grité de nuevo–. ¡Yo también puedo jugar!

Me bajaba un hilo de sangre por un lado de la cara. Está bien, pensé, vamos allá. Pueden hacer todo lo que quieran conmigo, pero no le tocarían un solo pelo a Sarah. O a Sam, o a Emily.

Tomé aire profundamente y la adrenalina corrió a través de mí. Una sonrisa maliciosa se formó y sentí como si mi cuerpo se hiciera más grande, más fuerte. Mis manos entraron en acción y brillaron intensamente con una luz brillante que traspasó la noche, repentinamente el mundo se incendió.

Alcé la mirada. Enfoqué mis manos por entre los árboles y me adentré corriendo en la noche.

Capítulo traducido por Aurim.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias!! Me encanta la traducción!!

Anónimo dijo...

oh!!! gracias!!!! muxas muxas gracias, eres seco. 10 pts

Anónimo dijo...

oH vale creeo q mxos esperabamos la traducción plis pon pronto en catorce

Anónimo dijo...

eres el mejor, de verdad todos los q leen este libro te agradecemos por tu traduccion

Anónimo dijo...

Hey en serio eres el mejor traduciendo este libro, gracias

Anónimo dijo...

wuau esta muy bueno el capitulo, please sube mas!!!! gracias por los que haz subido hasta ahora.

Anónimo dijo...

subeeeeeee!!!!!!!!!! maaaaaaaaaaaaaaaaaaas!!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

subeeeeeeeeeeeeeeeeeee maaaaaaaaaaas pliss estamos esperando

Anónimo dijo...

graciaaas

tengo una pregunta: ¿cúantos capítulos son en total?

me desespera no saber eso :S

Aurim dijo...

¡Hola, querido anónimo! Te llamo así porque supongo que eres el mism@ y ya son muchos mensajes comunicándonos XD Pues el libro tiene 34 capítulos.

¡Saludos!

Anónimo dijo...

aaa eres mas xanta, me da que te da flojera subir uno mas, aunq seael ultimo que subas, me desepcionaste arium

carole

Anónimo dijo...

Hola!
Que genial que alguien se haya animado a traducir este libro, espero que puedas seguir publicando el resto.
Muchas gracias
AndreaM

Anónimo dijo...

Por favor publiquen mas capitulos... de verdad les agradecemos mucho la traduccion y apreciamos lo que hacen!!

butter dijo...

hola, seguiran traduciendo este libro?? el ultimo capitulo se tradujo hace mucho... :( gracias !!!!

Silvery dijo...

OH sí!! Necesitamos más XD
Veo que somos much@s siguiendolo jeje.
Un beso a tod@s!

Anónimo dijo...

Chicas o chicos de verdad necesito que suban mas capitulos de Soy el numero 4. no aguanto mas necesito leer y ¿saben si va a ver mas libros de soy el numero 4???

Anónimo dijo...

Hola, queria saber q paso con esta traduccion?
Si se la pasaroon a alguien o ya lo terminaron?

Anónimo dijo...

oigan donde puedo leer el primer capitulo y los siguientes es que no lo encuentro pliss diganme

Anónimo dijo...

NO ENCUENTRO DEL CAPITULO 1 AL 9 POR FAVOR DIGANME DONDE LOS ENCUENTRO

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